carpe diem

jueves, 29 de marzo de 2012

El juego de la Oca.


Empezar de cero. Primer dado; a menos diez. A tirar y seguir.

Cuanto más lejos esta la llegada, más largo es el camino y de allí más errores para cometer.

Cada error es un aprendizaje, algo para cambiar o mejorar.

Cada error es una marca en el camino, una desviación de él, una cicatriz, un golpe.

Cada golpe nos endereza otra vez en el camino, ese camino que parece interminable, al que nunca vemos el final.

Un camino en el que hay días soleados, nublados, tristes, radiantes, lluviosos, calurosos, húmedos, e inundados en los que hay que remar contra la marea.

Una marea difícil que nos descarrila el bote, que nos tira hacia un costado del camino y nos cuesta mucho seguir.

Sin embargo esta el que decide abandonar el juego y lamentar que hubiese pasado si llegaba; y está el que decide seguir y luchar por esa meta, aunque le cueste noches sin dormir, días a las corridas, o vivir con el billete justo. Aunque le cueste cientos de horas y mucho sudor, no se rinde.

A ése que no largo todo en el primer “retrocede diez casilleros”, hay que admirar.

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